No culpes
a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has
hecho tu vida.
No te
quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfréntate con valor y
acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos, y la prueba que
has de ganar.
Aprende
de los fuertes, de los valientes, de los audaces, imita a los enérgicos, a los
vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de
todo.
Piensa
menos en tus problemas y más en tu trabajo, y tus problemas sin alimento
morirán.
Aprende a
nacer desde el dolor y a ser más grande, que es el más grande de los
obstáculos.
Comienza
a ser sincero contigo mismo, reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por
tu debilidad para justificarte.
Recuerda
que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo; reconociéndote a ti
mismo más libre y más fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias,
porque tú mismo eres tu destino.
Levántate
y mira por las mañanas, y respira la luz del amanecer.
Tú eres la parte de la fuerza de la vida.
Tú eres la parte de la fuerza de la vida.
Ahora
despierta, camina, lucha.
Decídete de una vez y triunfarás en la vida.
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